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El partido más difícil de Mauricio Castillo

Abr 22, 2026 | App Movil, Destacados, noticias

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Abril 22, 2026 | 8:40 pm

  • Con cáncer nasofaríngeo diagnosticado en 2024, el exdelantero de Green Cross Temuco viajó desde el sur a Santiago con apoyo del Sifup para realizar una evaluación médica en Clínica MEDS, en un proceso donde la contención humana y gremial se vuelve clave.

Mauricio Castillo no vino a Santiago por fútbol. Vino por salud.

A sus 67 años, exdelantero formado en Green Cross Temuco, llegó desde el sur con un objetivo urgente: realizar una evaluación médica especializada en Clínica MEDS, tras haber sido diagnosticado con cáncer nasofaríngeo en abril de 2024.

“Este cáncer no se lo doy a nadie. Es difícil, es sacrificado, pero hay que luchar”, dice con una calma que no es resignación, sino convicción. Desde hace más de un año enfrenta quimioterapia y radioterapia, primero en Temuco y luego en Valdivia, en un proceso largo, incierto y profundamente desgastante.

La decisión de viajar a Santiago nació desde la necesidad, pero también desde la esperanza. Mauricio grabó un video simple y directo, sin adornos. Contó su historia y pidió ayuda. Ese registro llegó al Sindicato de Futbolistas Profesionales de Chile (Sifup).

El viaje que no fue solo

El presidente del Sifup, Luis Marín, fue quien tomó contacto directo con Castillo. Y no desde una oficina. Fue hasta su casa, en Temuco. “Cuando vimos el mensaje de Mauricio entendimos que no podíamos mirar para el lado. No se trataba sólo de un exjugador, sino de una persona que entregó años de su vida al fútbol y hoy enfrenta una enfermedad dura, muchas veces en soledad. Como sindicato, nuestro deber es estar presentes, acompañar y gestionar ayuda concreta”, señala Marín.

El apoyo incluyó el traslado desde el sur a Santiago, la coordinación médica y el acompañamiento para llegar a esta evaluación especializada. Antes del chequeo, la delegación pasó por el Complejo de Pirque, una pausa necesaria en un trayecto marcado por la incertidumbre.

“Hay cosas que llegan caídas del cielo”, comenta Mauricio. “Yo soy solito, no tengo hijos, tengo buenos amigos, pero esto… esto fue distinto”.

Dignidad, no caridad

Para el tesorero del Sifup, Fernando “Chiki” Cordero, el acompañamiento a Castillo responde a una convicción profunda. “Este no es un gesto simbólico ni una excepción. Mauricio representa a una generación de futbolistas que vivió el fútbol en condiciones mucho más precarias, con pagos atrasados, promesas incumplidas y cero protección después del retiro. Hoy no hablamos de caridad, hablamos de dignidad”, afirma.

La historia de Castillo lo confirma. En su carrera pasó por Temuco, Deportes Concepción, Valdivia, Malleco Unido e Iberia, acumulando meses sin sueldo y salidas abruptas. Tras dejar el fútbol, trabajó durante décadas como conductor y en labores forestales para asegurar una jubilación básica.

Hoy, enfrentar el cáncer vuelve a exponer una realidad conocida por muchos exjugadores: cuando se termina la carrera, muchas veces también desaparece el respaldo del sistema.

Una responsabilidad que trasciende el contrato

Desde el Sifup subrayan que este tipo de apoyo no es improvisado, sino parte de una visión más amplia sobre el rol gremial. “El fútbol no puede desentenderse de sus jugadores cuando dejan de jugar, y menos cuando enfrentan una enfermedad grave. Acompañar a Mauricio no es sólo un gesto humano, es una definición ética del tipo de sindicato que queremos ser”, sostiene el secretario del gremio, Jorge Deschamps.

Deschamps agrega que el caso de Castillo refleja la necesidad de construir redes de apoyo reales, especialmente para exfutbolistas de generaciones que no tuvieron previsión ni seguridad laboral. “Si hoy podemos estar con Mauricio es porque entendemos que la trayectoria del jugador no termina con el retiro. La salud, la vejez y la enfermedad también son parte de la historia del fútbol, aunque durante años nadie quiso mirarlas”, afirma.

“Todavía puedo entregar cosas”

Mauricio Castillo no habla desde la nostalgia ni desde la queja. Habla desde la vida. “Yo creo que todavía puedo entregar cosas. Mientras tenga fuerza, hay que luchar”, dice antes de ingresar a su evaluación médica. Camina lento, pero firme. No baja la cabeza.

El viaje a Santiago no le garantiza un camino fácil ni respuestas definitivas. Pero sí algo que durante mucho tiempo fue esquivo para muchos exjugadores: no estar solo.

Y en esa certeza, el fútbol —esta vez— volvió a cumplir una de sus funciones más olvidadas: cuidar a los suyos cuando más lo necesitan.

 

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