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El relato más íntimo de Johnny Herrera en la nueva edición de la Revista Sifup

May 27, 2026 | App Movil, Destacados, noticias

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Mayo 27, 2026 | 10:38 am

Viajamos al mundo interno del exarquero. Como nunca antes, abrió su vida, permitiendo entender no solo al futbolista, sino que además al ser humano.

Everton vs. Universidad de Concepción. El que puede ser un partido más del Torneo Nacional, para Johnny Herrera no lo fue. El 14 de febrero de 2021 se disputó este encuentro válido por el Campeonato del 2020. Fue el último partido del exarquero en una cancha. Han pasado casi 6 años desde ese día. El presente del ídolo de Universidad de Chile es otro. Fuera de un campo de juego, pero no alejado del fútbol.

Hay futbolistas que se explican solo desde el césped. Y hay otros, como es el caso de Herrera, que se entienden recién cuando uno mira más allá del arco, de los títulos y de la historia conocida.

Johnny como muy pocas veces abrió su espacio, su hogar. Su intimidad. En las próximas líneas comienza un viaje por la vida del actual comentarista de TNT Sports. Un recorrido por su carrera y una mirada íntima a la persona: al hijo, al padre, al compañero y el hombre que tuvo que aprender a convivir con pérdidas, críticas y decisiones difíciles.

Así funciona la cabeza de Johnny Herrera… Una entrevista exclusiva para la revista Sifup.

¿Cómo siguió tu vida después del retiro?

La verdad es que muy por sobre las expectativas. Realmente nunca pensé que me podía ir tan bien después de retirarme. Siempre me proyecté de forma más piola, más tranquila. Compartir más con mi hijo, estar más en familia. Despegarme del deporte que me gustaba, era fuerte. Y salió lo de la televisión. Encontré una arista en mi vida que no la tenía presente y que se fue dando y desarrollando de a poco. Creo que lo he hecho bien. Acabo de renovar por dos años más con el canal. Ya van a ser siete años ahí, lo cual no es menor. Sostenerse tanto tiempo en un lugar con alta exigencia no es sencillo.

¿Y lo positivo es que sigues involucrado en el fútbol?

Obviamente tiene algo de relación con el fútbol, pero es radicalmente distinto a lo que hacías todos los días: levantarse, entrenar, jugar los fines de semana. Y estoy feliz, realmente estoy feliz. Llegar a un lugar indicado, de buen corazón. Nos va bien en el programa también. Son cosas que te hacen feliz de una u otra forma. Tampoco me ocupa tanto tiempo. La única lata que podría decir, y que ha sentido mi familia y mi hijo en Viña, son los piques a Santiago, pero tampoco puede ser todo tan perfecto. Así que súper asumido, súper asimilado a la pega y feliz también.

¿Cómo fue ese momento del retiro?

De una u otra forma me preparé para el retiro. En todo aspecto: emocional, económicamente, físicamente también. Yo decía “en mi retiro no voy a ser un guatón, compadre, de no volver a hacer nunca más deporte”. En mi estructura de vida, siempre tan cuadrado para mis cosas, creo que lo fui desarrollando de muy buena forma. Quizás no me veía trabajando en televisión, insisto, pero sí me veía en un proyecto propio. El hecho de haber ahorrado mis lucas también me ayudó a tener un respaldo por un buen tiempo, de no preocuparme por lo que venía.

¿Dejaste de lado el chip de futbolista o todavía te queda algo?

Absolutamente de lado. Bueno, por ahí juego pichangas. El único hombre con el que juego es con mi hijo, con nadie más. Así que absolutamente de lado. Lo que sí cuesta es perder la pasión por algo que uno hace. Yo mismo fui tan hincha de mi equipo, nacido y criado desde los 13 años en el club. Más de 20 años defendiendo al equipo desde cadete hasta grande. Eso me costó soltar un poquito. No sabía cómo soltar a la “U”. Al día de hoy, no sé si la superé pero sí ya aprendí a convivir más con eso. Sin ir más lejos, ver a la “U” peleando el descenso, me ponía a llorar. Tenía 40 años y estaba llorando por un equipo de fútbol. Pero una vez que salí de la cancha, nunca más. Salvo para el partido en ayuda de Cristóbal Campos, que obviamente había que estar.

¿Fuiste un jugador atípico?

Sí, era un “perro verde”. Era bien autista. Siempre fui de disfrutar mucho los espacios de estar solo. Era muy introvertido. Ahora en televisión estoy mostrando otra faceta. Era capitán de un equipo tan importante, el emblema del club, pero para adentro muchas veces era todo lo contrario: era demasiado introvertido. Me encantaba estar solo. Y eso de pronto me hizo pensar harto en lo que era mi futuro, siempre, desde chico. De hecho, yo me pongo a estudiar a los 20, 21 años, porque no sabía si iba a seguir jugando fútbol. Sabía que la competencia era muy difícil. Sabía que ser exitoso o mantenerse en el fútbol, mantener a tu familia por el fútbol, es complicado. Mucha gente ve al futbolista como que está forrado y se guían por Sánchez o por Vidal, de quienes filtran los sueldos y ganan fortunas, pero el futbolista normal no es así. Entonces el 99% de los futbolistas chilenos hoy por hoy se tiene que proyectar obligadamente trabajando post-retiro del fútbol.

 ¿Cómo convivías con esta dualidad del Johnny solitario versus el Johnny público?

Era parte de mí. Cualquier persona que me conocía sabía cómo era. Mis amigos cercanos, créeme, no eran muchos y hasta el día de hoy siguen siendo los mismos. Siempre dije que el fútbol te hace conocer mucha gente, pero amigos de verdad, creo que tienes que ser muy afortunado para hacerlos en el fútbol. Por ejemplo, el “Colocho” Iturra con el “Chino” Martínez eran compadres de chicos, “poto y calzón”. Se va uno de la “U” y preguntas: “Oye, ¿has hablado con el Chino?” y te dicen “No, no he hablado con él”. Me encuentro al Chino: “Oye, ¿hablaste con el Colocho?”, “No, tampoco”. Entonces, eso es lo que realmente es el fútbol. Y a la vez somos medio gitanos también, entonces te cuesta generar lazos.

El origen de la coraza

Venir de Angol a Santiago, ¿tiene que ver con esa soledad de la que hablas?

Sí, puede ser. Pero creo que fue más de personalidad, porque desde chico fui maniático de todos los deportes, era seleccionado hasta de ping-pong, te juro.

¿Competitivo? ¿Eras de los tipos que caían mal?

Sí, o sea, por “perro verde” muchas veces la gente te juzga sin conocerte. En el canal logré desarrollar esa faceta que no la tenía vista y que también me lo dice mucha gente que trabaja conmigo. Me dicen: “Oye, qué bueno que seas de esta forma, eres mucho más simpático de lo que realmente aparentas”. De hecho, hicimos un jueguito el otro día con mi polola y buscamos en Chat GPT: “¿Qué personaje sería Johnny Herrera?” y salía que era Scar del Rey León. Pero nada que ver en realidad. La percepción que hay es que soy como el malo, pero cualquier persona que me conoce opina todo lo contrario. Es lo que le llega a la gente cuando no te conocen.

¿Y te acomodó eso o nunca te gustó?

En rigor, siempre me dio lo mismo. Si yo me dejara llevar por todas las críticas que se hacían hacia mí… cuando ya no podían apuntar a lo futbolístico porque tuve años intachables, te apuntaban a otras cosas; si les hiciera caso estaría ahorcado debajo de un puente en Angol. Pero obviamente nunca me dejé llevar por las críticas. Entendía lo que era una crítica constructiva, pero también entendía la malintencionada. Creo que por eso mismo tuve esa coraza.

 ¿Y esa fortaleza de dónde la sacaste?

De la personalidad de mi mamá. Ella nos crió sola a nosotros junto a mi hermano Julio. Nunca nos faltó nada. Siempre se las arregló. Nunca pidiendo ayuda, siempre éramos nosotros nomás, nuestra familia. Cuando mi hermano mayor fallece, muy joven, ella nos sacó adelante. Siempre miraba a mi mamá y era un roble. Nunca una mala cara, siempre para adelante. Yo creo que de ahí viene la personalidad.

¿Cuánto influye la muerte de tu hermano en tu personalidad?

Mi hermano mayor era como el papá que teníamos en la casa. Cuando mi hermano fallece en un accidente de auto, yo tenía 10 u 11 años. Se nos cayó el cielo con la familia. La única vez en la vida que vi a mi mamá realmente mal fue cuando él falleció. Se le vinieron 10 años encima de una semana para otra. Fue difícil, pero gracias a mi vieja salí adelante. Por eso siempre la saco al baile, porque si no fuese por ella, no sé, estaría trabajando en un colegio en Angol.

¿Y tú cómo te sostuviste en ese momento?

Yo maldecía al cielo. Pensaba que por qué mejor no me había muerto yo en vez de mi hermano. Realmente perder a alguien tan importante es muy difícil. Pero por la coraza de la familia, el apoyo que tuvimos en ese momento de la gente más cercana a mi vieja, quienes nos ayudaron harto. Mi hermano mayor tenía como 16 o 17 años, no cachaba ni cuánto valía la micro todavía. Obviamente nos pegó fuerte, pero insisto, si no hubiese sido por mi vieja, quizás no estaríamos.

¿Tu mamá tuvo la oportunidad de disfrutar tu carrera?

Sí, absolutamente.

¿Esa es una tranquilidad que tienes?

Lo mejor. Y más allá de eso, a ella siempre le fue bien, siempre fue dueña de restaurante, dueña de negocios. Mi mamá los últimos 10 o 15 años los tuvo de vacaciones. Falleció a los 80 años casi. Yo le daba una adicional, una tarjeta, porque me iba bien gracias a Dios. Entonces mi mamá vivía de vacaciones. De hecho, cuando se contagia de Covid, andaba en un restaurante en Villarrica; un “gallo” venía llegando de viaje de Europa, fue a un matrimonio en Villarrica y compartieron en el restaurante y se contagió.

 Entregarle eso es como un descanso para ti.

Sí, fue la forma en que le pude compensar todo lo que hizo por mí. Estuvo de vacaciones los últimos 15 años de su vida prácticamente.

¿La muerte de tu mamá en pandemia cómo la tomaste? Fue una de las primeras personas en Chile que murió por Covid.

Sí, fue difícil. Más porque uno no conocía lo que era el Covid. Yo estaba en Viña en cuarentena con mi familia. Mi ex señora todavía no empezaba a trabajar, después sí lo hizo porque llamaban a toda la gente de salud. Le tocó a mi mamá sin ninguna defensa porque no existía vacuna, nadie sabía a ciencia cierta lo que estaba pasando. Fue muy difícil, pero mi tranquilidad siempre fue que mi vieja fue muy feliz los últimos años de su vida.

¿Y ese momento cómo lo afrontas?

Es que fue repentino y no lo esperabas. Me desvelé viendo tele en la noche y justo ese día nos dejaban salir recién como a las 5 o 6 de la mañana por el toque de queda. Siempre dejo el teléfono boca abajo, en silencio, para que no me despierte la luz. Voy al baño, vuelvo, lo veo brillar y era mi sobrina llamándome. Me dice llorando: “Tío, a su mamá le dieron 24 horas de vida porque tiene infectados los pulmones con Covid”. Le pedí hablar con el doctor y me confirmó que, salvo un milagro, iba a fallecer dentro de las próximas 24 horas. Agarré el auto a las 6 de la mañana para que me levantaran el toque de queda y me fui a Temuco. Mi mamá estaba en la Clínica Alemana, entré a la UCI y ella se veía impecable, yo decía “acá le dan color”. Pero el Covid te agarraba, te dejaba medio “chambreado”, te soltaba y después te pegaba el otro corte. Mi mamá no pudo pasar ese segundo corte. La lata es que no la pudimos despedir de pronto como ella hubiese querido.

¿Pero igual estuviste con ella en ese momento?

Estuvimos juntos, toda mi familia. Entramos todos a verla, fue una despedida bonita. Obviamente cuando alguien fallece nada es bonito, pero dentro de todo lo malo que pasaba en esa época, estuvimos todos juntos: mi sobrina, mi hermano, su señora y yo. La despedimos muy bien.

¿Te hubiese gustado que te viera tan feliz como me hablabas al comienzo, en este nuevo rol de comunicador?

Me hubiese gustado que me viera reírme en televisión, porque siempre andaba peleando o jugando a la pelota. En esta etapa distinta de mi vida, yo y mi vieja hubiéramos estado felices, porque siempre estuvo muy orgullosa de mí. Más allá de todo lo que me pasó en la vida, los accidentes y qué sé yo, ella estaba orgullosa de cómo yo era; no tanto del Herrera futbolista, sino del Johnny hijo. Ese es mi dejo de tranquilidad hasta el día de hoy.

Y la llegada de Bruno, ¿también te cambió todo?

Cambió todo. El otro día a un amigo que fue papá le dije: “qué bueno que hayas descubierto lo que es el verdadero amor”. Cuando llegó Bruno fue algo mágico. De hecho, mi ex me recriminaba porque a ella no la miraba como miraba a mi hijo. Yo opté por ser papá a los 35 años, había que dejar de ser un poquito egoísta, no puede ser todo para uno. Fue lo mejor que me ha pasado hasta el momento.

¿Te gustaría que fuese futbolista?

La verdad, no me gustaría porque es una carrera muy sacrificada. Me gustaría que fuese un niño normal: que disfrute su vida, a sus compañeros, que vaya a los cumpleaños los fines de semana. Que no se tenga que quedar acostado porque tiene partido al otro día. Que tenga horarios normales en sus estudios. Un deportista a buen nivel tiene un régimen de adulto prácticamente desde los 12 años. Yo empecé a esa edad: iba al colegio en la mañana, almorzaba, me iba a entrenar, salía a las 7 de la tarde, comía, dormía y esos eran todos los días de mi vida. La gente no entiende el sacrificio que conlleva ser un deportista profesional.

Tú cumpliste un rol muy importante para el gremio, te peleaste con dirigentes, ¿cuál es tu visión de ese liderazgo que te perjudicó muchas veces?

En mis clubes salí perjudicado, eso es claro. De hecho, en Everton salgo por eso y en Audax Italiano de una u otra forma también. Pero tengo la conciencia tranquila. Cuando vuelvo a la “U”, en mi segunda etapa, “Pepe” Rojas me pregunta si quería la jineta. Como yo había sido capitán antes, y él era menor que yo, me dice: “Ahí está la jineta, compadrito”. Y yo le dije “no, no se preocupe”. En Everton termino porque me agarro con Roberto Sensini por la cagada de gimnasio que tenían. Sensini me dice que no van a contar conmigo y se despide diciendo: “Nunca vi a gente tan tonta que no cache nada de fútbol por orgullo propio”. Era porque yo peleaba porque el gimnasio se llovía o porque el “Banana” Suárez tenía que amarrar un peso con elásticos de la cancha para poder levantar 50 kilos en la banca. En la “U” peleé porque le pagaran la operación a Jimmy Martínez que había tenido casi un tumor en el ojo. Me metí en cosas donde perfectamente me pude haber hecho el “huevón”, pero no era mi esencia. Sabía que tenía que estar ahí y siempre ayudé a impartir justicia. Cuando llegué a repartir los premios en la “U” dije que éramos todos iguales: jugaran o no jugaran, todos cobrábamos lo mismo.

¿Y esto también viene de tu casa, de tu familia?

Esa crianza en el fútbol la aprendí más de los compañeros viejos que tuve: el gran capitán “Lucho” Musrri e Iván Zamorano en la Selección. Ellos me enseñaron a ser condescendiente y ayudar al prójimo. De una u otra forma siempre se retribuye. Hasta el día de hoy no entiendo por qué me ha ido tan bien en la vida a pesar de todo lo que me pasó. Te llamaban los cabros del sindicato para ir a pelear con los dirigentes, daba lata ir, pero ibas, conseguías algo y te ibas con el corazón llenito sabiendo que peleabas por el que venía.

Hay dos luchas sindicales en las que fuiste muy relevante: el cambio a torneo largo y los derechos de televisión.

Sí, estábamos juntos con “Lucho” Marín, el “Loco” Peric, también fue Gamadiel García. Yo estoy sorprendido con lo que han hecho en el sindicato. En la época del 2000, Carlos Soto me llamó a participar, pero el sindicato era algo ínfimo. Hoy ver la obra, el complejo nuevo que han desarrollado, enorgullece. Es lo que yo he peleado con las generaciones antiguas: si a usted le pasan una empresa quebrada y la saca a flote y hace algo gigante como ahora, no le pueden quitar el mérito a esa gente. No pueden venir a pedir réditos cuando no hicieron nada por tanto tiempo.

¿Qué mensaje le das a los futbolistas actuales sobre la unidad gremial?

Creo que no le han tomado el peso a lo que tienen. Hay gente que me agradece a mí por lo de Cristóbal Campos, pero yo no hice casi nada. Acá siempre los que lo acompañaron fue el Sindicato. A las nuevas generaciones les digo que tienen que aprovechar los cursos gratis que les dan. Para mí la educación financiera es clave: saber agarrar un APV, llegar un poquito más allá para no pagar tanto impuesto, entender lo que significa para el futuro. El futbolista muchas veces se proyecta a dos o tres años; ganan dos millones, calculan vivir con quinientas lucas y creen que tienen para cuatro meses, pero la vida no es así. Hay que educarse y aprovechar las herramientas que da el sindicato.

Haciendo una evaluación de tu carrera, ¿cumpliste el sueño que tuviste de niño?

Siendo bien concreto, cumplí todos los sueños que pude tener en mi vida. Saco un poquito a la Selección porque de un minuto a otro me desilusioné, no me llamaban cuando estaba en mi mejor momento, aunque después me tocó estar, rendí y fui al Mundial.

¿Por qué nunca te pudiste consolidar en la “Roja”?

Por la chapa que me tenían de conflictivo. Me acuerdo que cuando llegó Bielsa, jugaron todos: Garcés, “Lucho” Marín, Prieto, Claudio Bravo, Lobos. Todos tuvieron la oportunidad. Pero como de preparador de arqueros estaba Daniel Morón, que me conocía como rival, me tenía catalogado como conflictivo. El dato que le pasaba a Marcelo Bielsa era que yo era así y por eso no me llamaba. Después el “Bichi” Borghi tampoco me llamó porque él decía que no podía tener un segundo arquero tan bueno en la banca. Eran decisiones que debía respetar. Obviamente daba rabia en su minuto, pero siempre fui de dar vuelta la página rápido. Siempre dije que mi verdadera selección es la “U”. Yo debuté en la Selección a los 21 años con Turquía y estuve muchos años, pero nunca me mató por cómo se fueron dando las cosas.

Volviendo a tu carrera en clubes, jugaste afuera, en tu equipo, fuiste campeón…

Cumplir los sueños de la vida es complejo. Siempre me imaginé jugando una final y atajando un penal, pero nunca me imaginé atajando en la final y además haciendo el penal del campeonato. Ganar la Copa Sudamericana con la “U”, ser el arquero menos vencido, la valla invicta… son cosas únicas. La única herida que me quedó con la “U” fue no haber ganado la Copa Libertadores. Hasta el día de hoy culpo a Azul Azul  porque vendieron a Gustavo Canales, Marcos González y Eduardo Vargas. Yo con ellos tres estoy seguro de que la ganábamos. Podría defender un poco a la dirigencia (Federico Valdés, Pepe Yuraszeck) porque hicieron lo posible para que se quedaran seis meses más, pero los futbolistas no quisieron por las ofertas millonarias, y eso se entiende.

¿Qué significó el Audax Italiano para ti?

El equipo que me apoyó en el momento más difícil de mi carrera: cuando tuve el accidente. Toda la vida voy a tener a Audax en el corazón, a la familia Antillo, a los hermanos Guerrero. Me brindaron un respaldo gigante. Me protegieron, me pusieron psicólogo, me llevaban a entrenar y me ayudaron a salir adelante. No era fácil seguir jugando al fútbol después de eso. Los avatares de la vida, como irme solo a los 13 años, perder a mi hermano, a mi mamá y el accidente, te forjan y te hacen la persona que eres a futuro. Mi vieja tenía un dicho muy sabio: “Dale nomás, que Diosito no te va a ahorcar, solo te aprieta”.

 Y la última, ¿te quedas con el Johnny actual que se ríe en cámara o con el Johnny futbolista?

Fui tremendamente feliz jugando. Cumplí todos mis sueños jugando por la “U”: ganarle finales a Colo Colo, ser campeón internacional, multicampeón, atajar penales. Pero ahora tengo mucho menos estrés que cuando jugaba. Lo que hago es más relajado, disfruto más la vida y a mi hijo. Todavía llevo la pasión por dentro, a veces me tienen que poner un bozal en el canal porque me choreo por injusticias contra la “U”, pero me quedo con este Johnny más relajado.

 

 

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