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“Fui víctima de mis emociones y no supe hacerme cargo”

Feb 9, 2022 | App Movil, Destacados, Primera A

App Movil, Destacados, Primera A
Febrero 9, 2022 | 4:40 pm

Mathías Vidangossy relata lo que ha sido su regreso a la División de Honor, después de cinco años. Las sombras de una depresión, que marcaron gran parte de su carrera, se han convertido en un constante trabajo de superación que lo han hecho volver a disfrutar del fútbol y ser un referente para varios jugadores jóvenes.

Por Pablo Labrín Suárez

Como una montaña rusa repleta de emociones ha sido la vida futbolística de Mathías Vidangossy, quien hoy vive un segundo tiempo en su carrera, después del buen año que tuvo en Melipilla.

Su gran actuación en el Mundial Sub 20 de Canadá, junto a varios referentes de la “Generación Dorada”, le permitió ser reconocido como una promesa futbolística dentro del medio local. Sin embargo, la irregularidad y sus fugaces pasos por una gran cantidad de clubes, generaron que su carrera no despegara al nivel que sus primeras actuaciones prometían. Recién el 2017, Mathías reveló que sufría de depresión. “Fui víctima de mis emociones y estuve muchos años con una mente débil”, comenzó.

El formado en Universidad Católica no solamente se ha caracterizado por sus regates y su habilidad dentro de la cancha, sino también por su enorme trabajo a nivel personal y emocional, lo cual lo motiva a plantearse la idea de jugar varios años más. La pandemia ha contribuido a fortalecer una mente que muchas veces le jugó en contra dentro de los camarines. Fortalecer la salud mental, la empatía y el respeto entre entrenador y jugador, es lo que Mathías desea que se trabaje en nuestro fútbol.

 

Han sido años complicados a nivel mundial, principalmente debido a la pandemia. ¿Cómo se siente en este momento a nivel personal?

A nivel personal estoy muy bien. Siento que la pandemia vino a entregar un mensaje importante. Yo lo interpreto como una etapa de aprendizaje y reflexión. Desde el lado mental,  la cuarentena me ayudó un montón a fortalecerme. Aproveché al máximo, entrené y me preparé mucho para volver de mejor manera a las canchas con otro foco, sin que el tema de la depresión fuera un problema.

¿Cómo define este regreso a la actividad tanto desde el lado futbolístico como del emocional?

Es más relevante el tema emocional. Es un plus tener esa capacidad, que las emociones no te dominen, sino tú controlarlas a la hora de entrenar, de jugar, independientemente que no me toque ser titular. Me he sentido fuerte, que las emociones cuando uno las domina las ocupa a su favor.  Por ejemplo, la misma “Generación Dorada” tiene una mentalidad, un control y un temperamento que supera toda adversidad que se les pueda venir encima, y ese es el mensaje que le están entregando al futbolista chileno.

En Melipilla tuve mucha confianza. Traté de transmitirles a mis compañeros, sobre todo a los más jóvenes, que entren a la cancha a disfrutar, porque pienso que es la mejor manera de ir escalando para consolidar una buena carrera. Si un jugador se pone como objetivo proyectarse afuera y no disfrutar el ahora, va a ser muy difícil que pueda pasarlo bien después. Los más chicos deben atreverse a hacer cosas diferentes en la cancha.

 

En relación con esa adversidad que comenta, ¿cómo vivió la complicada situación que enfrentó Deportes Melipilla en su lucha por evitar el descenso?

Fue una etapa que te entrega mucha fortaleza si se sabe aprovechar. Antes del partido con Colo Colo habíamos obtenido cuatro victorias seguidas y eso es gracias a que nos pusimos en sintonía con el grupo y nos alcanzamos a dar cuenta de los errores que cometimos en el pasado. A medida que se fueron perdiendo partidos comenzamos a insegurizarnos mucho dentro de la cancha y varias veces mis compañeros, cuando íbamos en desventaja, creían que lo mejor era reventar la pelota y tirarla lejos. Yo creo todo lo contrario. Cuando uno quiere ganar debe tener personalidad y eso lo fuimos adquiriendo en el último tiempo. Empezamos a jugar de manera similar a cuando ascendimos a primera.

 

A raíz de su vasta trayectoria en clubes chilenos, ¿qué le parece el actual nivel del fútbol nacional? 

Hay de todo. Colo Colo, por ejemplo, ha trabajado mucho en la interpretación de los jugadores. Mientras que el medio campo se atreve y elabora jugadas de peligro, los defensas están súper atentos a cualquier error, al igual que lo que sucede en Universidad Católica, que es un equipo ordenado y esquematizado. Creo que en los otros equipos los entrenadores están reprimiendo y limitando la creatividad de los jugadores. Los usan como piezas de ajedrez, entonces no hay tanta creatividad y a mí no me llama mucho la atención eso. Yo era muy fan de la Selección cuando estaba Jorge Valdivia porque él rompía ese patrón y te hacía otro guión. Esas son las cosas que me llaman la atención del fútbol nacional. Los entrenadores de turno quieren enmarcar su manera de jugar y limitan al jugador para que no haga algo distinto.

 

¿Cómo ha vivido la campaña de la selección chilena, cree que se puede llegar al mundial?

Vamos a clasificar. Es una Selección tremenda, con grandes jugadores que siempre quieren ganar todo, entonces uno no se puede poner a dudar si iremos o no, porque ellos siempre harán todo lo posible para lograrlo. Hay que sumarse a esa energía ganadora. Pienso que a veces se les exige mucho y esa no es la forma. Hay que entender los procesos y asumir que las cosas no siempre saldrán bien. Ellos demuestran que se puede y hay que apoyarlos por todo lo que nos han entregado.

¿Qué le parecen los nuevos valores que han surgido en la Selección?

Son jugadores atrevidos que no se achican con nadie. Joaquín Montecinos en particular me gusta mucho porque mete mucha presión, juega hacia adelante y tiene un carácter ganador. Hoy está en su mejor versión y es gracias a que él cree en sí mismo y en sus capacidades, y eso nos entrega a todos un mensaje muy potente, especialmente a las nuevas generaciones.

 

¿Cuándo piensa que fue su mejor versión como futbolista?

Para mí fueron todas versiones incompletas. Yo la pasaba bien cuando jugaba y cuando tenía una buena relación con mi entrenador, porque me daba toda la confianza para disfrutar. En Colo Colo disfruté cuando estuve con Omar Labruna, porque me dio mucha tranquilidad, igual que con Héctor Pinto en Unión Española o con Pablo Guede o Nicolás Córdoba en Palestino. Ellos confiaron más en mí de lo que yo confiaba en mí mismo. Antes era mucho de querer el apoyo de los entrenadores para sentirme bien, por eso mi paso por esos clubes fueron versiones incompletas de mí. Cuando había un DT con el que no calzaba o pasaban cosas, yo no existía, entonces es triste haber dependido tanto tiempo de otra persona para sentirme bien conmigo mismo dentro de la cancha.

Actualmente, creo estar en mi mejor momento porque no dependo de nadie. He estado trabajando mucho en la presión de los momentos complicados para ser fuerte para el grupo. Cuando me toca jugar intento entrar con la mayor creatividad del mundo. Siempre agradezco la posibilidad que me ha dado la vida para poder seguir disfrutando del fútbol y de esta nueva versión que, para mí, es la mejor.

 

En los últimos años, Colo Colo y Universidad de Chile han estado muy cerca de descender. ¿Cómo se puede manejar la presión en un equipo grande, considerando que por ejemplo usted pasó por los albos?

Son presiones externas que los jugadores las hacen internas. Recuerdo que en Colo Colo la barra se metía en los entrenamientos a apurarte para que mojes la camiseta, pero es extraño porque es como si los hinchas pensaran que nosotros queremos salir a perder. Hay temas mentales más profundos también. Siento que a la U, por ejemplo, en la última etapa del campeonato le pesó mucho el tema sicológico y emocional. No es normal que con la calidad de jugadores que tienen hayan estado a punto de descender. Va más allá de lo futbolístico. Si yo tengo miedo, lo más probable es que las cosas no me resulten bien en la cancha. Hoy en día los clubes grandes exigen mucho y si el jugador no lo sabe sobrellevar puede sufrir y pasarla mal.

Universidad Católica es un equipo que lo ha hecho muy bien en ese sentido. La institución siempre hace lo posible para que les vaya bien. Es todo un proceso y existe una mentalidad de que los malos momentos son parte de un aprendizaje a largo plazo y los buenos momentos futbolísticos son dignos de repetirlos con mucho trabajo de por medio. El camino es la paciencia, y eso pienso que le falta a Colo Colo y Universidad de Chile.

 

Usted tiene una tremenda trayectoria, estuvo en el Mundial de Canadá sub 20 y pasó por muchos equipos de Chile y el mundo. ¿Qué cree que le faltó para llegar más arriba profesionalmente? 

Si no llegué más arriba fue por un tema de mentalidad y emocionalidad. No supe manejar por mucho tiempo mis emociones y eso provocó en mí una depresión. Estar enfocado siempre en lo negativo y estar comparándote constantemente te lleva a un odio contigo mismo. Me hice dependiente de que alguien venga y me ayude. Mucha gente dice que ya es tarde, pero me siento feliz con que ahora me haya dado cuenta de mi estado actual y haber salido de esa situación, lo cual me permite también entregarle un mensaje muy poderoso a los futbolistas y a generaciones que vengan. He estudiado, leído y aprendido de este tema para poder entregar ese mensaje y en mi carrera llevarlo a cabo.

Cuando los jugadores entiendan que la mente y las emociones son uno de los elementos más importantes en la carrera deportiva, creo que el potencial de nuestro fútbol se elevará un montón, especialmente en las inferiores. Lo fundamental es que el futbolista débil debe saber reconocerlo y trabajar para ser más fuerte. Es una tontera asumir una debilidad mental y no tratarla. Uno debe responsabilizarse de sí mismo para que haya un crecimiento personal y lograr grandes cosas. Yo antes cometía el error de compararme conmigo mismo y ser muy autocrítico.

Gracias a la lectura me di cuenta de que necesitaba un giro en la vida. Tenía que ser valiente de dejar muchas cosas de lado, muchos comportamientos y hábitos que me estaban haciendo daño, lo cual no fue fácil. El empoderamiento mental me ha hecho recorrer este camino en solitario para no necesitar de nadie e independizarme, lo cual me ha cambiado la vida completamente. Fui víctima de mis emociones y no supe hacerme cargo porque estaba con una mente débil. Actualmente, tengo una mentalidad mucho más poderosa. Al principio del campeonato por ejemplo, fui el jugador que más corrió de Melipilla y eso antes no lo podía hacer.

 

¿Cree que nuestro deporte tiene una deuda con la salud mental?

La deuda no es sólo en Chile, sino en cualquier lado. Mientras los deportistas no se sientan preparados mentalmente, hay que entregarles las herramientas para que mejoren a nivel emocional y al mismo tiempo disfrutar lo que hacen. No es lógico que únicamente los de mente fuerte se queden y los que no se sientan preparados emocionalmente deban abandonar el deporte.

 

¿Cómo vivió su familia este proceso de autosuperación?  

No fue fácil. Hubo distanciamiento, nos alejamos. En ese tiempo yo ya estaba con mi hija e independiente de que me fuera a ver a la casa, estuve mucho tiempo distante. Hoy en día agradezco ese tiempo de soledad para que ella no me haya visto de esa manera y ahora me pueda ver mejor. En ese momento todas las cosas son terribles, pero después uno se da cuenta de que era necesario para que ocurriera este aprendizaje.

¿Actualmente está recibiendo algún tipo de terapia o tratamiento sicológico o siquiátrico?

No. Cuando decidí dejar las pastillas fue en Valdivia. Cambiaron mis creencias y también me convencí de que la energía que entrega el cuerpo cura el cuerpo, entonces decidí evolucionar personalmente y no depender de ningún tipo de medicamentos. Estoy súper contento y mandando mensajes de empoderamiento a través de las redes sociales. La gente me escribe y converso con cada uno para poder ayudarlos. Niños de 14 y 15 años tienen este problema y me da una satisfacción tremenda poder ayudarlos. Mi intención es informarme, interpretar el mensaje de cambio de mentalidad y traspasárselo a jóvenes que estén pasando momentos complicados a nivel emocional y de confianza.

¿Hay hechos que lo hayan marcado en el último tiempo para retomar el nivel futbolístico?

Muchos, por ejemplo tuve entrenadores como el Nico Córdoba o a Pablo Guede que se dieron el tiempo de aceptarme así tal cual era, con altos y bajos. Ellos aportaron mucho a una mejora en mí mismo que hasta el día de hoy siento. Siempre les estaré agradecido porque se dieron el tiempo de escucharme, conversar e intentar entenderme, sobre todo cuando yo no estaba rindiendo.

Pablo Guede en particular era alguien muy intuitivo. Él me exigió harto, pero teníamos conversaciones súper constructivas. Me acuerdo que venía de Unión Española con el Coto Sierra, a quien lo considero un gran entrenador y una gran persona. Sin embargo, nunca pude adaptarme a su forma de juego. Fue mi compañero el 2007 y yo quería hacer las cosas bien porque él confiaba en mí. Me ponía de titular y quería verme bien, pero yo no fluía dentro del campo de juego porque el 2014 fue una de las etapas donde más tuve miedo. Después me voy a Palestino y en mi primer entrenamiento me quedé hablando con Pablo Guede 3 horas, y se sintió como una liberación de tensiones y energías. Luego me tocó debutar contra Ñublense y jugué un excelente partido, entonces comprendí que necesitaba a otra persona para estar en mi mejor versión.

 

¿Cómo es la relación en general con sus compañeros de equipo?

No soy mucho de relacionarme con mis compañeros. Todo va fluyendo con el tiempo. Soy mucho de mirar y de percibir, y esas mismas cosas ya se van soltando, compartiendo más con los compañeros. Soy muy respetuoso de todos mis compañeros . En Melipilla cuando había ciertas actitudes que no aportaban a la convivencia del grupo, las comentaba para no desviarnos del camino. También he ayudado y conversado con algunos compañeros sobre algunos malestares emocionales o actitudes depresivas, aconsejándolos desde lo que he vivido y leído.

 

Si no fuera futbolista, ¿a qué le hubiera gustado dedicarse?

No lo tengo claro. Sé que en el colegio me gustaban harto las matemáticas, pero no me veo sentado todo el día en una oficina. Antes me gustaba mucho cantar mientras tocaba el piano. Quizás me habría inclinado por tomar clases de canto, aunque creo que al final el camino era ser deportista. Desde chico que siempre me gustó el fútbol y creo que ese era mi destino.

 

¿Quiere seguir jugando profesionalmente?

Sí, de todas maneras. Tengo 34 y pienso poder seguir cinco o seis años más en actividad, aunque eso hay que ir evaluándolo. Me preocupo mucho de la parte física, mental y emocional. El día en que deje de disfrutar o me sienta más limitado físicamente, será el momento de retirarme. Actualmente me siento bien. Troto, me atrevo a hacer cosas y la paso bien con el balón.

 

¿Y qué objetivos vienen después del retiro?

Me gusta mucho la parte formativa.  Ahora estoy haciendo un curso de entrenador y me encantaría partir en inferiores, tratando de hacer un esquema distinto al que se trabaja convencionalmente. Quiero darle un enfoque emocional y mental al trabajo dentro de los juveniles, que va mucho más allá de aprenderse un 4-3-3 o un 4-2-2-2, que cualquiera lo entendería. Hay un montón de cosas que pasan dentro del equipo que el público no percibe desde afuera. Trabajar con la inteligencia emocional, con la empatía y adaptarme a los distintos contextos que viven los chicos a nivel personal sería muy importante para mí. Me gustaría tener esa paciencia y esa gratitud con niños que después te van a agradecer por tratarlos acordes a sus necesidades. Todos los jugadores son distintos y el entrenador debe saberlo y no tratarlos a todos como iguales. Hay que preparar a los niños al 100% en todas las áreas, incluyendo el lado mental.

 

¿La gente lo reconoce en la calle? ¿Cómo es su relación con el público futbolero?

Sí, y soy muy agradecido de eso. Antes yo estaba muy temeroso de que la gente me preguntara qué me pasó o por qué no jugaba. Me daba mucha vergüenza y prefería mantener la cabeza baja en la calle. Revelar mi estado y mi cambio de mentalidad no ha sido impedimento para que los hinchas de todos los equipos sean muy respetuosos conmigo.

 

¿Qué frase cree que define lo que ha sido su carrera futbolística?

Podría ser “Reprográmate para el éxito”. Antes tenía un estilo de vida que no me llevó a ser lo que quería en la vida. Pero cuando lo entendí empecé a cambiar mis creencias, mis hábitos y hacer un giro completo a nivel personal. Reprogramarse hace que tu cuerpo alineado funcione para nutrirse del éxito y la mejoría personal. No es fácil porque uno debe reconocerse, mirarse al espejo y darse cuenta de que tu mentalidad te está haciendo daño. Hoy me siento contento porque creo poder en este momento controlar mis emociones. Para llegar al éxito uno debe sentirse exitoso, y así me siento en este momento, gracias a una transformación que de a poco se está haciendo más visible.

 

(AGRADECIMIENTO AL RESTORANTE CASA ESTADIO)

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