¿El “Mono” es un escudo de Diego Sánchez? ¿Qué comparten el personaje y la persona? ¿Cuánto del “Mono” hay en Diego y cuánto de Diego vive en el “Mono”? En la nueva edición de la revista Sifup, conocimos más en profundidad a Diego “Mono” Sánchez, un arquero que, por su estilo y personalidad, ya logró entrar en la historia del fútbol chileno.
Los inicios de Diego
Diego Sánchez, hijo de Gustavo Sánchez y María Isabel Carvajal, 39 años.
Hace un tiempo dijiste: “Cargo con la mochila de mi papá, no voy a fallarle”. ¿Cuál es la razón de esa frase?
Lo que pasa es que mi viejo fue arquero de Palestino, estuvo en la Selección también. Y yo empecé en cadetes de Palestino. Mi papá fue mi profesor de arquero. Y eso hizo que creciera con los comentarios negativos de lo que esto significaba. Como estaba en el ambiente del fútbol, siempre salió el nombre de mi papá. Yo no alcancé a verlo jugar. Pero cuando empecé en el arco, a los 12 años, siempre me decían: “Oye, tu papá era bueno, era de los buenos de su época”. Y eso te va marcando. Se te va haciendo una mochila de querer representarlo bien, de no querer ser menos. Mi papá fue siempre mi inspiración y mi mentor. Creo que mucho se lo debo a él.
¿Te costó ser hijo de…?
Sí, pasé por bastantes procesos. Sentí más presión cuando era más chico porque los niños son más crueles. Me sacaban en cara eso. Me decían: “Estás jugando por tu papá, porque es el profe”. Y duele. Pero después ya pasa a ser una motivación. Esa presión ya no es la misma; es querer seguir demostrando que mi papá lo hizo bien conmigo, me entrenó bien, me dio una buena base. Siempre trabajé y siempre jugué pensando en que también estaba representando a mi papá, hasta el día de hoy.
Tu carrera se inicia jugando en Tercera División. ¿Cómo fue ese momento?
Lo ideal no es dar la vuelta tan larga. A mí me tocó así. Estuve tres años en Tercera División, cuando era muy difícil en temas económicos, en lo deportivo y en organización. Fue muy duro, pero tuve siempre el apoyo de mi familia. Creo que si no hubiera pasado esos años en esa categoría, no tendría la personalidad ni la fortaleza mental que tengo ahora. Mucho se lo debo a esos tres años.
¿Qué te marcó de esa época?
El tema económico, porque ya era padre de mi hija Dominga, que estaba recién nacida. No estaba bien económicamente, por lo que muchas veces me apoyaron mi viejo y mi familia. No me alcanzaba para vivir. No daba con el sueldo que recibía. La angustia de llegar a fin de mes era lo más difícil. Lo otro es lo que se vive en Tercera División: canchas malas, ropa que no es la adecuada, que no siempre está limpia ni seca. Estuve dos años en Temuco, donde llueve todo el año. Pero fue lindo, no lo cambiaría por nada. Quizás no es lo apropiado pasar tres años en Tercera, pero en mi caso me dieron la formación psicológica para afrontar lo que se venía.
Hablaste de las dificultades para llegar a fin de mes teniendo a tu hija Dominga. ¿En esos momentos no pensaste en dejar de lado tu sueño de ser futbolista?
Sí, me hice esa pregunta. De hecho, me puse un plazo: mi último año en Tercera. Había límite de edad para jugar en la categoría, yo estaba en Barnechea y me dije: “Si no salgo ahora de Tercera, no juego más. No sé qué voy a hacer, pero no juego más. Ya está”. Y justo hice un buen año en Barnechea y salté a Unión San Felipe, que en ese momento estaba en Primera División. Y de ahí no paré más de jugar. Partí de tercer arquero, llegué a pelear el puesto. El primer año no jugué nada, pero terminé como segundo arquero. Al siguiente año jugué.
¿Qué crees que sienten tus padres cuando miran hacia atrás y ven este recorrido que tuviste en tu vida?
Yo creo que sienten felicidad, primero, porque cumplí el sueño que siempre tuve. Siento que también están orgullosos de que nunca me di por vencido, porque pude ser lo que soy hoy, a pesar de no cumplir con el perfil que normalmente se le pide a un arquero. Mis padres fueron los únicos que nunca criticaron mi estilo de juego.
¿Tu papá tampoco? Porque él tenía un estilo muy diferente al tuyo.
Mi papá fue un arquero muy sobrio, pero cuando se dio cuenta de que yo no servía para ser sobrio, se subió a mi barco de la locura. Es más, cuando no juego muy loco, me reta. Eso es lo chistoso.
Llegaste al profesionalismo, pero tampoco fue como te lo imaginaste, porque en tu primer año como titular desciendes con San Felipe.
Hice una buena campaña. Descendimos siendo yo uno de los arqueros con mejor rendimiento. Eso me llevó a Unión Española. Más allá de ese descenso, fue un buen año. Me llegaban por todos lados, respondía bien, pero lo malo es que igual perdíamos.
Nace el “Mono”
“Mono” Sánchez, actual arquero de Coquimbo Unido, defendió también a Palestino, Unión Temuco, Deportes Temuco, Barnechea, San Felipe, Unión Española y Deportes Antofagasta. Edad: 39 años.
¿Es cierto que en el primer entrenamiento en Unión Española, el técnico José Luis Sierra le preguntó al preparador de arqueros de dónde te había sacado?
Comienza la historia más fuerte de mi carrera…
¿Es cierto o no?
Sí. Una pelota la bajé de pecho y salí jugando tirándomela por la espalda. Fue una payasada. Y ahí el “Coto”, que es un caballero, le dijo a Ronald Yávar, quien me había llevado a Unión: “¿Este payaso me trajiste? ¿En serio? ¿Con esto nos vamos a presentar este año?”. Y Ronald le respondió: “Tranquilo, tranquilo, que ahí lo vamos amoldando y nos va a dar”. Y al final de ese año salimos campeones.
Llegar desde San Felipe a un equipo importante como Unión Española y hacer eso en el primer entrenamiento… ¿por qué?
Creo que no le tomaba el peso a dónde estaba. No había dimensionado dónde estaba parado. Venía de San Felipe atajando harto, estaba bien arriba. Después me di cuenta de que era más serio todo, pero igual no cambié mi forma de ser. Esta es mi forma de sentirme más cómodo y así me salen más fáciles las cosas. Me saco la presión de encima.
Pasaste de descender a ser campeón.
Es loco, muy loco. Salí de Tercera después de todo lo que me costó. Pasan dos años y bajamos a Segunda. Pensé: “Se viene de nuevo la mala”. Pero no fue así. Llegó Unión, fuimos campeones, jugamos Copa Libertadores. Fue todo muy lindo, muy rápido, muy grande. Fue un giro gigante.
¿Cómo fue tu relación con el “Coto” Sierra?
Al “Coto” lo adoro. No nos parecemos en nada. Era un caballero, me entregaba mucha seguridad y mucho cariño. Me dejó ser el “Mono”. Me bancó como era, me bancó cuando me comí goles. Es uno de los grandes profesores que tuve. Le tengo muchísimo cariño.
¿Qué significa Unión Española para ti?
Unión es el equipo que me abrió las puertas para cumplir mis sueños, para llegar a ser el “Mono” Sánchez. Me permitió cumplir mi meta de ser campeón en el fútbol chileno, de ser reconocido. Unión me entregó todo eso. Cambiaría la forma en que salí, pero eso no tiene nada que ver con lo que viví. A Unión la voy a tener siempre en el corazón.
¿Hay algún arquero como el “Mono” en la actualidad?
No veo a ninguno con esa personalidad, con esa experiencia, con esa soltura para jugar, con esa impronta. No veo a ninguno en este momento.
¿Crees que eso le da más valor a tu carrera?
Sí. Quedan muy pocos arqueros locos. Ahora forman otro tipo de arquero y se va perdiendo el show, el espectáculo. Pero no digo que esté mal. Hay diferentes formas de entender el espectáculo.
Ganaste un título sin guantes, en una definición a penales. ¿Queda una última locura del “Mono”?
Ojalá quede alguna. No te la podría decir porque son cosas que salen en el momento. Esa fue rara porque la soñé. Le dije al capitán, Sebastián Galani: “Vamos a salir campeones por penales y yo voy a atajar sin guantes”. Fue una locura.
“Mono” vs. Diego
¿Hay diferencias entre el “Mono” y Diego?
Sí, hay una. En la vida cotidiana, en el día a día, soy Diego. Soy más tranquilo. El Diego es papá, bien casero, me gusta estar en casa, no salgo mucho. El “Mono” es más cancha, más estadio, más show. Ahí saco todo lo que guardo durante la semana.
¿Es el “Mono” una forma de libertad para ti?
Sí, me encanta. Me fascina ser el “Mono”.
¿Pero es un personaje o es parte tuya?
Muchos creen que es un personaje. Pero no sé. Lo siento tan parte de mí que siento que estoy en mi hábitat. Cuando estoy en la cancha soy el “Mono”, es lo que quiero ser siempre. Después, cuando termina todo el show y baja el telón, a casa llega el Diego, más tranquilo, el de estar con mis hijos, ver televisión y cocinar.
El “Mono” no tiene términos medios: lo aman o lo odian. ¿Cómo convives con eso?
Lo asumo y lo vivo todos los días de la semana, en todos los estadios donde voy. Siempre hay buenas palabras, como también palabras duras. Pero está bien. Me encanta. Los insultos, los gritos o los cantos en contra me dan lo mismo. Me río nomás. Quizás esas personas buscan otra reacción, pero no. Me encanta el insulto.
Y tu círculo más cercano, tu familia, tus hijos, tus papás, ¿cómo lo viven?
Mis hijos crecieron en ese ambiente. Saben cómo me pongo en la cancha y todo lo que genero. A mi mamá al principio le costó. Se asustaba. Una vez le pegó un combo a un hincha que me estaba insultando. Ahora ya no. Para ella es un show lo que hago. Quiere que yo me luzca, que lo pase bien, y sabe que parte de todo eso está en la barra rival. Se ríe nomás.
Este juego es solo con los hinchas rivales, porque con el resto de tus compañeros de profesión no tienes problemas.
Así es. Además, llevo tanto tiempo jugando que todos me conocen como soy. Esto es netamente con los hinchas rivales. Creo no tener problemas con ningún futbolista en la cancha. Nunca me he agarrado a combos.
Explicaste cómo es el “Mono”… Ahora describe más en profundidad a Diego.
Soy bien querendón. Me gusta estar achoclonado en casa. Tengo a mis dos hijos y a mi sobrino viviendo conmigo. Tengo la tuición de mis hijos y eso me cambió la vida en todo aspecto. Me gusta el asado, me gusta que haya gente de mi círculo, de mi confianza, en casa. No soy de muchos amigos. Soy bien reservado. Soy cuidadoso para abrir mi interna. Me junto con gente de mucha confianza y son muy pocos.
¿Qué te emociona?
Me emociono mucho. Cuando empezamos a recordar con mi viejo todo lo que he vivido, lloro. Hemos pasado muchas cosas difíciles y eso me da pena. Lloro de repente. Hay días en que ando medio melancólico.
Profundiza sobre esos días más oscuros.
Hace algunas semanas estuve con mucha pena. Me tocó viajar a El Salvador y justo mi hija bailaba en el colegio su último baile, porque sale de cuarto medio. Era una gran pena perderme eso. Estuve toda esa semana con un nudo adentro. Pero entiendo que no puedo hacer nada porque el trabajo es así. Ser futbolista hace que nos perdamos momentos que no se van a volver a repetir con tus hijos o con tu familia. Ahora me tocó no ver a mis dos hijos bailar, uno en octavo y la otra en cuarto medio. Pero bueno, habrá tiempo para otros bailes.
¿Y qué es lo que te emociona de tu carrera?
Los momentos que viví. Los años en Tercera División. Soñaba con ser conocido, ser reconocido como un jugador importante del fútbol chileno y hubo un momento en que se veía muy difícil. Ahora, viendo lo que hemos logrado —también incluyo a mi papá, porque es un trabajo familiar—, lograr esto y ser amado y odiado, pero reconocido, eso es lo que me emociona. Siempre le digo a mi papá: “Lo hice, hice lo que quería, lo logré”. Es un orgullo. Cumplí mi sueño de haber estado en la mejor Selección de la historia. Salí campeón dos veces del fútbol chileno sin estar en equipos grandes. Son todas cosas que me emocionan.
¿Te faltó algo en tu carrera?
Haber jugado en un equipo grande. Muchos me dicen jugar en el extranjero, pero para llegar ahí tienes que estar en la élite de tu país. Y creo que eso me faltó: estar en un equipo grande para poder dar el salto.
¿Crees que tu personalidad te jugó en contra? ¿El “Mono” lo impidió?
Sí, creo que sí. Gran parte fue por mi personalidad. Pero también me jugaron en contra algunas cosas de mi vida personal. Me veía muy expuesto, un poco loco. Estuve muy expuesto en temas amorosos.
¿Haces una autocrítica?
Me faltó manejo en un tema del amor que me llegó de un momento a otro. Temas extrafutbolísticos. Pero no importa, ya está.
El lugar feliz de Diego “Mono” Sánchez
¿Qué pasó en Coquimbo? Tuviste una explosión a los 35 años…
Ha sido una locura, un sueño. Jamás pensé que me iba a ir tan bien. Pensé que mi techo había sido Unión Española, pero Coquimbo me encontró en una madurez futbolística que no tienen muchos. Me dio un segundo aire en la vida y le saco el jugo todos los días.
En su momento dijiste que Unión era el amor de tu vida. ¿Coquimbo es, como dice Fito Páez, el amor después del amor?
Sí, creo que Coquimbo es el amor después del amor. La alegría que he pasado acá no la he vivido con ningún otro equipo.
¿Qué crees que fue lo que provocó esto?
Me lo dicen muchos coquimbanos: tengo la forma de ser de ellos, de un coquimbano. Son gente de esfuerzo, humilde y parrandera. Creo que todo eso concuerda conmigo.
¿Es cierto que te han pedido que te postules a alcalde de la ciudad cuando te retires?
Mucha gente me lo dice, me lo han pedido. Pero hay que tener vocación y respeto por la ciudad. La quiero mucho, por lo que me daría miedo fallarle. Me daría miedo equivocarme. Me gustaría ayudar a la ciudad en temas deportivos, pero ser alcalde… no es que no pueda hacerlo, obviamente podría, pero respeto tanto a la ciudad que no lo aceptaría. La política nunca ha sido una prioridad para mí.