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Revista Sifup

Programa de salud mental del Sifup: la importancia de pedir ayuda

9 de Octubre de 2026
Daniela Muga

La iniciativa gremial ha entregado atención gratuita y confidencial a cerca de 50 futbolistas durante 2026. En la última edición de la revista Sifup, Christian Fuentes, arquero de Concón National, decidió contar su experiencia para que otros jugadores se atrevan a reconocer cuando no están bien. “Primero hay que ser sincero con uno mismo”, dice.

Christian Fuentes despertó con el ruido de una máquina y una luz sobre su cabeza. Estaba en el hospital, con un cuello ortopédico y suero. A su lado se encontraba su madre. Todavía confundido, preguntó por su hija y por la posibilidad de que alguien más hubiera resultado herido.

Horas antes había atravesado una crisis emocional y atentado contra su vida. Pese a la magnitud del accidente, salió prácticamente ileso. “En ese momento pensé ‘por algo no es mi momento, por algo estoy aquí de nuevo”, recuerda.

No hubo una causa única. Fuentes describe una acumulación de situaciones personales, familiares, laborales y económicas. Se había separado de la madre de su hija, llevaba meses sin club y tuvo que trabajar fuera del fútbol mientras buscaba equipo y procuraba conservar las condiciones físicas para continuar su carrera. “Se me vino todo a negro”, dice. Fue en el hospital donde sintió que necesitaba ayuda.

Volver a encontrar el rumbo

El arquero ya conocía el programa del Sifup. Un compañero que había atravesado un periodo difícil se lo recomendó. Él había pensado en acudir a un psicólogo, pero pagar una atención particular resultaba complejo después de varios meses sin club.

Cuando volvió a entrenar contactó a Cristóbal Salazar, psicólogo responsable del programa, y comenzó un proceso que continúa hasta hoy. “Cristóbal escucha mucho. Pregunta lo justo y necesario para entender, aconsejar y acompañar”, relata.

La primera herramienta que trabajaron fue identificar lo que estaba sintiendo antes de reaccionar. Christian comprendió que negar el enojo o la frustración no hacía desaparecer esas emociones.

“Si tengo rabia, primero tengo que identificar que tengo rabia. Tengo que decir ‘estoy enojado’, y asumirlo. Antes decía que no estaba enojado, pero por dentro sí lo estaba”.

También ha trabajado el manejo de la ansiedad, sus objetivos y sus rutinas. No presenta el proceso como una solución inmediata. Habla de recuperar estabilidad, preguntarse qué quiere y reconocer conductas que antes consideraba correctas.

“Me ha ayudado a manejar las emociones, a saber cómo quiero ser y qué quiero transmitir. A veces uno solo no encuentra la respuesta. Con ayuda me ha costado menos volver a encontrar mi rumbo”.

La misma persona

El programa comenzó a gestarse en 2024, cuando el Sifup y Salazar coincidieron en la necesidad de conocer qué ocurría con la salud mental de los futbolistas chilenos. El punto de partida fue un estudio voluntario aplicado a 134 jugadores de las tres divisiones profesionales.

La muestra no fue estadísticamente representativa y sus porcentajes no pueden proyectarse a toda la profesión. Aun así, aparecieron participantes con señales de ansiedad, tristeza, alteraciones del sueño e ideación suicida, algunos sin apoyo psicológico. Durante 2024, solo 19 de los 46 equipos profesionales contaban con un psicólogo.

“Que los datos no sean extrapolables no significa que no existan ni que no sean personas reales”, explica Cristóbal Salazar.

A partir de esos antecedentes, el sindicato comenzó a ofrecer atención gratuita, confidencial y voluntaria. El programa funciona de manera estable desde mayo de 2025. Salazar es el único psicólogo encargado de las sesiones y mantiene cerca de 25 procesos en paralelo. Durante 2026 ha atendido a unos 50 futbolistas.

La frecuencia habitual es semanal y puede pasar a semana por medio cuando el trabajo está avanzado. No existe un límite fijo de sesiones. La continuidad se adapta a las necesidades del jugador y al calendario. El primer encuentro permite conocer el espacio sin obligación de iniciar un proceso.

Cristóbal distingue entre psicología clínica y trabajo asociado al rendimiento, pero advierte que ambas dimensiones se cruzan. Una lesión o la falta de minutos pueden afectar el bienestar. Una separación o una dificultad familiar acompañan al jugador cuando entra a la cancha.

“El mismo futbolista es la misma persona, y la misma persona es el mismo futbolista”, resume.

El temor a mostrarse vulnerable

Para Fuentes, hablar de salud mental dentro de un plantel sigue siendo difícil porque el fútbol es también una competencia cotidiana. Cada entrenamiento representa una evaluación y cada jugador procura demostrar que está disponible. Los más jóvenes, agrega, suelen observar a los mayores como figuras que deberían mantenerse firmes. “Yo siempre me mostré como el fuerte, como el inquebrantable”, reconoce el portero.

Salazar identifica esa conducta desde la formación. Los jugadores aprenden a resistir, superar la adversidad y resolver sus dificultades solos. Esa autonomía puede ayudarlos a competir, pero también puede retrasar la búsqueda de apoyo cuando las situaciones los sobrepasan.

“Aceptar que uno no está completamente bien o que necesita ayuda puede ser un paso de fortaleza y valentía”, sostiene.

La confidencialidad es uno de los pilares del programa. Cristóbal gestiona directamente los contactos y solo entrega al sindicato información general, sin nombres. Clubes, entrenadores y compañeros no reciben antecedentes sobre las sesiones. “Lo que se habla en sesión no lo comparto con nadie”, enfatiza.

La gratuidad también es esencial. En Segunda División, explica Salazar, hay jugadores con ingresos reducidos que deben sostener a sus familias y enfrentar meses sin contrato. Una sesión particular semanal puede quedar fuera de sus posibilidades.

Fuentes decidió hablar porque quiere llegar a compañeros que todavía sienten que deben resolverlo todo solos. No cuenta su historia para decir que dejó atrás cada dificultad, sino para mostrar que es posible reconocer el malestar y pedir ayuda.

“Primero hay que ser sincero con uno mismo y decir ‘¿sabes qué? No estoy bien, necesito ayuda’. No tiene nada de malo estar mal. Son momentos y los momentos terminan pasando”.

El jugador que durante años intentó mostrarse inquebrantable entiende ahora la fortaleza de otra manera. Pedir ayuda le permitió comenzar a reconstruirse como futbolista, como padre y como persona.


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