El cruce de antecedentes confirma que la irregularidad se profundiza en los espacios más vulnerables del sistema: 55,6% de casos sin autorización laboral vigente en la tercera categoría masculina y 50% en la rama femenina.
El problema migratorio que afecta a futbolistas extranjeros y extranjeras en el fútbol chileno no golpea de la misma manera a todas las categorías. El nuevo desglose de la base revisada por Sifup y Anjuf confirma que las mayores alertas están puestas en la Segunda División y en el fútbol femenino, dos espacios que históricamente han convivido con mayores niveles de fragilidad estructural dentro de la actividad.
De un universo total de 267 futbolistas extranjeros/as registrados/as, 114 no cuentan actualmente con autorización vigente para trabajar, lo que equivale al 42,7% del total. En tanto, 153 sí se encuentran autorizados/as, correspondiente al 57,3%.
El desglose por categoría muestra que la Segunda División presenta el porcentaje más alto dentro del fútbol masculino. De 27 futbolistas extranjeros registrados en esa categoría, 15 no cuentan con autorización vigente para trabajar, lo que representa un 55,6%. Solo 12 aparecen autorizados, equivalente al 44,4%.
El dato confirma una preocupación de fondo: mientras más frágil es la estructura administrativa y laboral de una categoría, mayor parece ser el riesgo de que los procesos migratorios queden incompletos, pendientes o sin seguimiento suficiente.
En una división marcada por contratos más breves, menor capacidad económica y realidades institucionales diversas, la falta de regularización migratoria no puede ser leída como un simple trámite pendiente. Para el futbolista, puede significar dificultades para abrir una cuenta bancaria, acceder a prestaciones de salud, gestionar cotizaciones, formalizar correctamente su vínculo laboral o desarrollar su vida cotidiana con normalidad.
El otro foco crítico aparece en el fútbol femenino. De 70 jugadoras extranjeras registradas, 35 no cuentan con autorización vigente para trabajar, exactamente un 50% del total. Las otras 35 sí aparecen autorizadas, lo que refleja un escenario dividido en partes iguales.
Este dato resulta especialmente sensible considerando las brechas que todavía enfrenta el fútbol femenino en materia de profesionalización, estabilidad contractual, condiciones laborales y acompañamiento institucional.
Cuando una jugadora extranjera llega a Chile para desarrollar su carrera y no cuenta con plena regularidad migratoria, la vulnerabilidad aumenta. No se trata solo de competir o entrenar: se trata de poder vivir, trabajar y ejercer derechos laborales en un marco de certeza.
Aunque la Segunda División y el fútbol femenino concentran las cifras más críticas, el problema atraviesa todo el sistema.
En Primera División, la base registra 109 futbolistas extranjeros, de los cuales 40 no cuentan con autorización vigente para trabajar, equivalente al 36,7%. En tanto, 69 sí se encuentran autorizados, correspondiente al 63,3%.
En el Ascenso, de 61 futbolistas extranjeros registrados, 24 aparecen sin autorización vigente, lo que representa un 39,3%. Los otros 37 sí están autorizados, equivalente al 60,7%.
Si bien los porcentajes son menores que en Segunda División y fútbol femenino, siguen mostrando una realidad preocupante: una parte relevante de trabajadores y trabajadoras del fútbol profesional desarrolla su actividad en condiciones migratorias que no están plenamente regularizadas.